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viernes, 13 de diciembre de 2013

Los mercados cerraron a la baja en promedio, producto de una serie de eventos. Destaca, en primer lugar, el acuerdo presupuestario de Estados Unidos entre demócratas y republicanos. Dicho acuerdo hizo pensar a los inversionistas que el crecimiento económico estaría garantizado por el próximo año y que por lo tanto, el retiro del estímulo monetario de la Fed se adelantaría, lo que presionó los índices bursátiles de ese país a la baja. A esto se sumó la nominación de Stanley Fischer como vicepresidente de esa entidad, por parte de Barack Obama. Incluso, diversos presidentes de sucursales de Bancos Centrales del país emitieron la opinión de que debería retirarse el estímulo cuanto antes.

No obstante, la divulgación de diversos datos económicos macroeconómicos ambivalentes hicieron dudar sobre la decisión de la Fed: entre los más importantes, los pedidos iniciales de seguro de desempleo subieron en 68,000 esta semana, para llegar a un nivel de 368,000. Es decir, aún los inversionistas están ambivalentes sobre cómo reaccionar ante una retirada del estímulo de la Fed que aún no se sabe cuándo llegará. Así, el Dow Jones retrocedió 1.6% en el acumulado semanal.

En Europa, las bolsas siguieron el patrón de Estados Unidos, ya que los índices cerraron a la baja en todos los días menos en uno. Además de los eventos norteamericanos, también destacaron resultados negativos de algunos países: En Francia, se conoció que la producción industrial cayó 0.3% en octubre. En la semana también se conoció que General Motors vendería su participación (cercana a 7%) en Peugeot. Así, el DAX cayó 2.1% y el FTSE, 1.8% en la semana. Por el lado de Asia, China registró un superávit comercial en noviembre, debido a que las exportaciones subieron 12.7% respecto de noviembre del 2012, mientras que las importaciones aumentaron en 5.3%. Las ventas minoristas también registraron un alza (13.7% con respecto a noviembre del 2012). Por otro lado, el yen continúa depreciándose producto de los continuos estímulos monetarios del Banco Central de Japón, lo que está beneficiando a empresas exportadoras. Los índices Nikkei y Shanghái Composite retrocedieron 1.6% y 1.9% en el acumulado semanal.

La mayoría de los metales y el petróleo reaccionaron positivamente, debido a las especulaciones del inicio del recorte del estímulo económico de la Fed.

Finalmente, y contraria a la tendencia internacional, la bolsa peruana cerró al alza la mayor parte de los días, y el índice IGBVL cerró con un alza de 3.7% semanal. La BVL estuvo influenciada por la coyuntura internacional, el alza de los metales preciosos, y el efecto rebote de las últimas semanas. No obstante, el mes continúa siendo negativo para muchos sectores, como el agropecuario (-5.6% acumulado mensual), industrial (-0.64%), telecomunicaciones (-3.24%) y juniors (-6.47%). Durante la siguiente semana, los mercados estarán muy atentos a la reunión del comité de Mercado Abierto de la Fed la próxima semana, que podría impactar en las bolsas internacionales.
El banco de inversión estima que el ente emisor podría disminuir la tasa de interés de referencia a inicios del 2014. Y a pesar de que esta decisión estimularía el consumo privado, no compensaría la desaceleración de la inversión.

Ante la decisión de ayer del directorio del Banco Central de Reserva (BCR) de mantener la tasa de interés de referencia en 4%, el banco Barclays Capital permanece en un estado de “ver y esperar” sobre los efectos de la flexibilización adicional en los instrumentos de política monetaria que viene aplicando el ente emisor.

Sin embargo, el banco de inversión estima que es posible que se den más recortes de la tasa de interés de referencia a principios del próximo año. “El BCR decidió mantener su tasa de referencia en 4%, lo que confirma las expectativas del mercado, pese a nuestra previsión de un recorte de 25 puntos básicos. La decisión parece haber sido basado en una visión ligeramente más optimista del ente emisor peruano sobre el crecimiento de la actividad económica”, señaló Alejandro Arreaza, economista del Barclays.

Para Arreaza, la intensificación de los estímulos monetarios que ha venido aplicando el BCR está ayudando a una cierta mejora en los indicadores de actividad económica, sobre todo en el consumo privado. Sin embargo, el economista considera que estas medidas no van a ser suficiente para acelerar el crecimiento y compensar la desaceleración de lainversión privada.

Refiere que para tener un mayor crecimiento de la economía será necesario esperar el efecto de los nuevos proyectos mineros que entren en operación, como el de Toromocho que empezó a operar en esta semana. Dice que la recuperación de la economía se encenderá principalmente desde el segundo semestre de 2014. Mientras tanto se pueden ver algunos repuntes en las cifras de crecimiento y se espera que la economía peruana apenas se estabilice, y permanecer por debajo de su nivel potencial (del 6%), agrega el economista del banco.

En los últimos meses el BCR ha venido tomando medidas más agresivas para estimular el crecimiento de la economía. Hace algunas semanas volvió a reducir la tasa de encaje en moneda nacional con la finalidad de sostener el dinamismo del crédito en soles. También, los primeros días de noviembre, y luego de 29 meses, redujo la tasa de referencia a 4%.

Finalmente Arreaza, en su reporte semanal, sostiene que elBCR tiene espacio para mantener una estrategia más agresiva como cuando sorprendió al mercado, el mes pasado, al recortar la tasa de referencia en 25 puntos básicos. “Todavía esperamos que el BCR pueda anunciar dos nuevos recortes de 25 puntos en las tasas de interés, probablemente en el primer trimestre del 2014, mientras tanto solo puede continuar con su reducción esperada en los requerimientos de reservas”, subraya.


Hace una semana la Cepal (Comisión Económica para América Latina) presentó el Panorama Social de América Latina 2013, con cifras actualizadas de pobreza y distribución de ingresos para la región. Veamos los principales resultados.
En primer lugar se mide la pobreza monetaria, definida como la insuficiencia de ingresos para comprar una canasta básica de alimentos; es una medida unidimensional de la pobreza en contraposición a medidas multidimensionales, que también son abordadas por el documento pero con menor profundidad. ¿Qué nos muestra la evolución de la pobreza monetaria en América Latina? Pues que se ha desacelerado la reducción de la pobreza. Mientras que en 2002 la pobreza alcanzaba a 43.9% de la población en 2012 bajó a 28.2% y en 2013 a 27.9%. La indigencia o pobreza extrema (insuficiencia de ingresos para comprar una canasta que contenga solo alimentos) se redujo de 19.3% en 2002 a 11.3% en 2012 para experimentar un ligero aumento a 11.5% en 2013.
En segundo lugar, en la medida que la información anterior está en porcentajes, debemos agregarle el crecimiento poblacional. En 1980 existían 136 millones de pobres, cifra que se elevó a 225 millones en 2002. Luego se redujo hasta llegar a 164 millones en 2013. En términos simples, el porcentaje de pobres disminuyó entre 1980 (40.5%) y 2013 (27.9%), pero el número de pobres aumentó de 136 a 164 millones en el mismo período. Lo mismo sucedió con el número de indigentes que entre 1980 y 2013 aumentaron de 62 a 68 millones de latinoamericanos. 

En tercer lugar, el porcentaje de pobres en Perú fue de 25.8% en 2012, cifra menor al promedio regional, que ascendió a 28.2%.
En cuarto lugar, la pobreza multidimensional, se midió a partir de carencias en dos de las siguientes necesidades básicas: agua y saneamiento, energía, vivienda y educación. Quienes tenían dos o más necesidades básicas insatisfechas de las cuatro analizadas eran pobres multidimensionales. Perú tiene 40.5% de pobres multidimensionales, mientras que Chile, 2.2% y Nicaragua, 71.4%, que son los extremos. Cabe mencionar que detrás de Perú solo se encuentran países centroamericanos, a excepción de Paraguay (46.6%) y Bolivia (48.1%). En otras palabras, en el Perú hay pobres "por ingresos" y "pobres por necesidades básicas insatisfechas".
En quinto lugar, la pobreza monetaria infantil y adolescente ascendió en 2011 a 63%. Si bien es cierto es menor al 87% del año 2000, no deja de ser una cifra extremadamente alta para un país que tiene como objetivo la inclusión social. La inversión en capital humano es clave para el crecimiento económico futuro. En sexto lugar, la distribución de ingresos medida por el coeficiente de gini, se redujo en Perú de 0.525 en 2001 a 0.449 en 2012. [1]
La recomendación es obvia: para igualar las oportunidades se requiere de políticas públicas, que garanticen educación y salud de calidad, agua y desagüe, energía eléctrica, entre otros, sin distinción de ningún tipo. Ahí deben estar las prioridades y políticas de estado. De lo contrario nuestras cifras macroeconómicas no se reflejarán en un aumento en el bienestar de la población. ¿Por qué no es posible hacerlo?


[1] El coeficiente de gini es un número que fluctúa entre 0 y 1; a mayor gini, mayor desigualdad.
La crisis de 2008-2009 ha configurado un escenario externo que está caracterizado por la disminución del crecimiento de la economía mundial, en especial de la economía China; la reducción de los precios de los minerales y el fin de su ciclo ascendente; y, una notable incertidumbre respecto a la tasa de interés y política monetaria de los Estados Unidos que seguirá provocando volatilidad en los mercados financieros, en especial, en los mercados de divisas de los países como el nuestro. Este escenario adverso para la economía peruana  --que para muchos será prolongado-- prácticamente ha apagado el motor de su crecimiento. Las exportaciones totales decrecieron en 2012 y es altamente probable que este año su caída sea mayor.  
 
La desaceleración del crecimiento peruano
 
La tasa de crecimiento del PBI registra una tendencia claramente descendente desde el segundo trimestre de 2010 (véase gráfico). Si el escenario internacional descrito empeora o si solo se prolonga el actual estancamiento de la economía mundial, no hay manera de reeditar las tasas de crecimiento del período previo a la crisis.



Los sectores no transables (Construcción, Comercio y Otros Servicios) son los únicos que siguen liderando el crecimiento. No obstante, es importante señalar que el crédito interno también se desacelera cuando se apaga el motor externo de la economía; en consecuencia, los sectores no transables tampoco reeditaran las tasas de crecimiento que registraron antes de la crisis de 2008-2009. Aunque los sectores Comercio y Otros Servicios siguen creciendo por encima del promedio, sus tasas ya registran una tendencia decreciente durante los últimos catorce trimestres. El sector más volátil es Construcción, pero también la tendencia de su crecimiento es a la baja.
 
De enero a setiembre el crecimiento del PBI fue de 4.9%, pero básicamente porque crecieron por encima de 5% Construcción (10.5%), Comercio (5.5%), Transportes y Comunicaciones (5.4%), Financiero y Seguros (8.2%), Servicios Prestados a Empresas (6.7%), Restaurantes y Hoteles (6.6%) y Resto de Otros Servicios (5.6%). Todos estos sectores explican el 62.81% del PBI. Visto de otra manera, los sectores transables (Agropecuario, Pesca y Manufactura) que producen fundamentalmente para el mercado interno, explican solo el  24.3% del PBI; mientras que los sectores no transables explican el 71.04% del PBI. A la Minería e Hidrocarburos le corresponde la diferencia: 4.67%.
 
Las ponderaciones y las respectivas tasas de crecimiento sectorial, permiten estimar las tasas de crecimiento de los transables y no transables. En efecto, entre enero y setiembre de este año el grupo de Transables (Agropecuario, Pesca y Manufactura) creció a la tasa de 1.5%, mientras que el grupo de no-Transables lo hizo a la tasa de 5.9%. La tasa de crecimiento de Minería e Hidrocarburos fue de 1.68%. De otro lado, en el tercer trimestre de este año, el 89.6% del crecimiento del PBI (4.4%), fue explicado nada menos que por Otros Servicios, Comercio, Construcción y, Derechos de Importación y Otros impuestos, todos los sectores no-Transables.
 
Transables, importaciones y Crecimiento del PBI
 
Los sectores más afectados por el actual estilo de crecimiento han sido los transables, en especial la industria manufacturera que prácticamente no crece desde el cuarto trimestre de 2011. Las importaciones de bienes y servicios a precios constantes representan el 196.1% de la producción manufacturera. A inicios de la década de 1990, este porcentaje era de 89.4%, en promedio. La penetración de importaciones ha sido espectacular. La propensión a importar bienes y servicios respecto a la producción total de transables (Agropecuario, Pesca y Manufactura) aumentó de 53.9% en 1991, a 82.8% en 1997 y a 103.9% en 2008. En 2012 esta propensión subió a 127.4%.  Si tomamos como referencia el PBI agregado, la propensión a importar bienes y servicios aumentó de 13,.3% en 1991 a 27.8% en 2012. Por último, las importaciones de bienes y servicios como porcentaje del consumo final privado pasaron de un promedio de 20.9% en la primera mitad de la década de 1990 a 42.0% en 2012.
 
La información anterior revela que el actual estilo de crecimiento no solo descuidó el desarrollo de mercados internos, sino que le hizo perder parte importante de los mercados existentes a la producción nacional. En estas condiciones y en el contexto internacional actual, el impulso al crecimiento del PBI mediante la expansión de la demanda interna solo puede generar crecientes déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Durante los años 2004-2007 de alto crecimiento y de precios de los minerales elevados, la cuenta corriente fue superavitaria. Después, desde 2008, la cuenta corriente es deficitaria con la novedad que los déficit son crecientes en valor absoluto: -1.9% en 2011, -3.4% en 2012 y -5.5 en los primeros tres trimestres del presente año.
 
A modo de Conclusión
 
La estructura de precios relativos configurada con las políticas neoliberales, redujo relativamente la inversión en equipamiento, mientras aumentó la inversión en construcción. Esto produjo una relativa reducción de la capacidad productiva per cápita, con lo cual, los aumentos sostenidos del PBI per cápita se traducen en mayores importaciones y, por lo tanto, en crecientes déficit comerciales. Crecer sólo con impulsos de demanda interna, dada la estructura productiva y el escenario internacional actual, es un proceso que tiende a auto-derrotarse, porque genera importantes déficit en la cuenta corriente  de la balanza de pagos.